
Hace muchos años, cuando el Octavo Pecado Capital, el pintor Arnoldo Ramírez Amaya, pululaba entre los cocteles de inauguraciones a exposiciones de arte, llamaba la atención por su aspecto desgarbado en medio de tanta señora acicalada.
Eran noches cuando la “alta sociedad intelectual” guatemalteca se daba cita casi siempre en los mismos lugares, trago en mano, para bañar de elogios los cuadros colgados en las paredes que no les importaban. Por entonces, la crème de la crème chapina se disputaba el honor de tomarse fotografías junto a gente importante, con la esperanza de salir en las páginas sociales que tan dignamente editaba la escritora Atala Valenzuela en Prensa Libre.
Eran noches cuando la “alta sociedad intelectual” guatemalteca se daba cita casi siempre en los mismos lugares, trago en mano, para bañar de elogios los cuadros colgados en las paredes que no les importaban. Por entonces, la crème de la crème chapina se disputaba el honor de tomarse fotografías junto a gente importante, con la esperanza de salir en las páginas sociales que tan dignamente editaba la escritora Atala Valenzuela en Prensa Libre.
Gente así de estúpida hay en todo elmundo, en nuestras vecindades y puede que hasta en nuestras familias.
Vanidosamente, se codeaban con Su Santidad El Tecolote Ramírez, quien andaba, cerveza en mano, vestido relajadamente y alguna bufanda morada. Ha sido éste un genio del dibujo. Para quienes no lo conozcan, lo describiré en pocas líneas. Un día, dijo: “El problema en Guatemala es que mataron la inteligencia... Pocos quedamos”, y su libro de dibujos titulado Sobre la libertad, el dictador y sus perros fieles fue prologado, en 1976, por Gabriel García Márquez.
Todo eso me viene a la memoria cuando quiero destacar el hoy día famoso tortazo que dio en el rostro, a los vanidosos del mundo, la desconocida Susan Boyle.
Para quienes no estén al tanto, se trata de un ama de casa de 47 años que participó cantando, el 11 de abril pasado, en el concurso Britains Got Talent (el video puede ser visto en YouTube).
Cuando aparece en el escenario, antes de cantar, el público y el jurado la ven con desprecio, se burlan de ella por fea y por atrevida (dice que quiere ser como la actriz y cantante Elaine Paige).
Mas todos tuvieron que tragarse sus pestes cuando esa mujer colocha y de cejas bastante pobladas inundó la sala con su interpretación de I Dream a Dream. Ante la voz bellísima, el jurado reconoció que la había prejuzgado y aceptó que había recibido una lección.
El jurado subestimó, desde el inicio, a Boyle por su aspecto de señora gorda y poco agraciada.
Sé de gente que ha llorado viendo el video. En el fondo, supongo que hay cierta solidaridad entre los feos del mundo —que somos la mayoría— contra los valores impuestos por los dictadores de la belleza del planeta. Son estos padrotes de figurines cuyo horizonte son los dientes de la perra de Paris Hilton. Son estos dictadores de la belleza y de la moda unos padrotes de anoréxicas flacas como tenedores con pedazos de carne. Imponen la moda impulsando a osos gay de gimnasio, o a flacos gatos pálidos con cara de niños.
Por lo demás, a Susan Boyle ya le ofrecieron un millón por su virginidad (que dice mantener) y otro tanto por si quiere actuar en una película.
De vuelta a los pintores, Toulouse Lautrec (1864-1901), el gran trasnochador de la vida nocturna parisiense sufrió las consecuencias de la consanguinidad de sus padres (eran primos hermanos): enfermo de los huesos, quedó a medio crecimiento (metro y medio de estatura). Fue sifilítico, alcohólico, neurótico, depresivo y amigo íntimo de putas y homosexuales. Ese preciado currículo nocturno no impidió que la alta sociedad burguesa se disputara sus cuadros. Gente como él, a no ser porque la sociedad reconoce su virtuosismo, sería echada a patadas de las fiestas y galerías. Según cuentan, Van Gogh era sucio y Luis de Góngora era feo y narigón, tanto así que es probable que a él esté dedicado el soneto “A una nariz”, por Francisco de Quevedo, que en una parte de la primera versión, dice:
Vanidosamente, se codeaban con Su Santidad El Tecolote Ramírez, quien andaba, cerveza en mano, vestido relajadamente y alguna bufanda morada. Ha sido éste un genio del dibujo. Para quienes no lo conozcan, lo describiré en pocas líneas. Un día, dijo: “El problema en Guatemala es que mataron la inteligencia... Pocos quedamos”, y su libro de dibujos titulado Sobre la libertad, el dictador y sus perros fieles fue prologado, en 1976, por Gabriel García Márquez.
Todo eso me viene a la memoria cuando quiero destacar el hoy día famoso tortazo que dio en el rostro, a los vanidosos del mundo, la desconocida Susan Boyle.
Para quienes no estén al tanto, se trata de un ama de casa de 47 años que participó cantando, el 11 de abril pasado, en el concurso Britains Got Talent (el video puede ser visto en YouTube).
Cuando aparece en el escenario, antes de cantar, el público y el jurado la ven con desprecio, se burlan de ella por fea y por atrevida (dice que quiere ser como la actriz y cantante Elaine Paige).
Mas todos tuvieron que tragarse sus pestes cuando esa mujer colocha y de cejas bastante pobladas inundó la sala con su interpretación de I Dream a Dream. Ante la voz bellísima, el jurado reconoció que la había prejuzgado y aceptó que había recibido una lección.
El jurado subestimó, desde el inicio, a Boyle por su aspecto de señora gorda y poco agraciada.
Sé de gente que ha llorado viendo el video. En el fondo, supongo que hay cierta solidaridad entre los feos del mundo —que somos la mayoría— contra los valores impuestos por los dictadores de la belleza del planeta. Son estos padrotes de figurines cuyo horizonte son los dientes de la perra de Paris Hilton. Son estos dictadores de la belleza y de la moda unos padrotes de anoréxicas flacas como tenedores con pedazos de carne. Imponen la moda impulsando a osos gay de gimnasio, o a flacos gatos pálidos con cara de niños.
Por lo demás, a Susan Boyle ya le ofrecieron un millón por su virginidad (que dice mantener) y otro tanto por si quiere actuar en una película.
De vuelta a los pintores, Toulouse Lautrec (1864-1901), el gran trasnochador de la vida nocturna parisiense sufrió las consecuencias de la consanguinidad de sus padres (eran primos hermanos): enfermo de los huesos, quedó a medio crecimiento (metro y medio de estatura). Fue sifilítico, alcohólico, neurótico, depresivo y amigo íntimo de putas y homosexuales. Ese preciado currículo nocturno no impidió que la alta sociedad burguesa se disputara sus cuadros. Gente como él, a no ser porque la sociedad reconoce su virtuosismo, sería echada a patadas de las fiestas y galerías. Según cuentan, Van Gogh era sucio y Luis de Góngora era feo y narigón, tanto así que es probable que a él esté dedicado el soneto “A una nariz”, por Francisco de Quevedo, que en una parte de la primera versión, dice:
“Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
(...)
muchísima nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito”.
La vanidad es sinónimo de estupidez y de pobreza interna. Cuervos vanidosos se alzan sobre su propia bosta para defenderla, pues es su único alimento. Entre tanto, gente como Susan Boyle surge, de cuando en cuando, para recordarnos que lo más importante es lo que tenemos adentro.
que en la cara de Anás fuera delito”.
La vanidad es sinónimo de estupidez y de pobreza interna. Cuervos vanidosos se alzan sobre su propia bosta para defenderla, pues es su único alimento. Entre tanto, gente como Susan Boyle surge, de cuando en cuando, para recordarnos que lo más importante es lo que tenemos adentro.
(La bella imagen con que abro este post —para mí lo es, una bella imagen— se titula La duquesa fea, es de Quentin Massys).
Saludos, blogamigues.