Mi más sentido pésame a los admiradores del rey del pop. Damas y caballeros, amigues blogueres del mundo: Michael Jackson ha muerto hace un par de minutos, se le paró el cuento ese llamado corazón.
La noche oscura le abrió los brazos y le dijo ven, ven aquí, danzando, acércate a mí. Acércate, ven danzando, mi pobre amigo.
No vengas cantando ni girando en la punta de tu pie. Avanza como avanzaron doña Tina, doña Guaya, Don Güicho el de la tienda, Pancho el Hueco, Floridalma la prostituta, Jazmina la puta, don Rigo el panadero. Avanza como lo hicieron Manuel de jesús el chileno; ana maría la colombiana; Lindsay la sueca; chucho el roto; cantinflas, el cordovés, mi abuela fina, los egipcios, los faraones, los africanos, la mosca muerta por el mosco muerto;
Ven como vinieron las vírgenes y los viejos gondoleros venecianos; los vendedores de papa de la Terminal de la zona 4 Los shumos de las tiendas de shumito.
Come on, baby Black Honey mommy dependent. Avanza que te espera la nada. Mmmmmm -dice la muerte- cuán delicioso eres, negrito calzón rayado. Tienes el sabor del merengue y el de una gringa.
Ahora, tieso, pálido e inerte, eres chino como los coreanos, japonés como los chinos y noruego como los chintos de la capital de Guatemala. Hoy, camaradas, muchos dormirán con su guante blanco sobre la almohada.
Yo he amado las canciones del rey del poporopo. Yo te saludo, Michael Jackson, me gusta aquella que dice: Billie jean, tral la lala, because, i am the one, wow!
Y allí va para arriba como cualquier balsero, el rey del pop O va para abajo como cualquier bloguero, el rey del pop Como rufián o basurero, Gangueando sus timbales con trucutúes blancos.
La vibra de sus cuerdas vocales y las bocas de sus vibras cordales
ya no harán más trhiller, wuw!
Ven avanzando como lo harán mis amigos blogueros, todos.
Aprenderás que la vida es un soplo, que eres flor de un día en la Tierra. Qu por mucho que hayas hecho, no has hecho nada en la eternidad.
Y que la cáscara igual es polvo. Y que más te haya valido haber disfrutado de todos tus polvos.
Y aprenderás que todo pasa y nada pasa.
Que todo valió la pena
y que nada valió la pena.
Apenas 50 años. Justa la edad cuando inicia la madurez más madura empieza a crear frutos maduros.
Saludo a mis amigos fans y colegas que en nombre de la ley del rey del pop
hoy usaremos nuestros viejos calcetines blancos y las mocacinas negras, Wuw!
Amigo bloguero, dime, tú, ¿lo amabas? ¿Lo amabas in the same way I did, como dice la canción? ¿Te era indiferente? Cuéntame tu historia, yo te abro mi corazón, soy el doctor phill.
jueves 25 de junio de 2009
miércoles 17 de junio de 2009
Historia verdadera del viejecito número 1.
Les cuento, amigos mías, que hace algún tiempo quise dar a conocer la vida de un indigente que pide dinero en Plaza Vivar de la zona 1. Lo publicamos en un espacio de Revista D, de Prensa Libre.
El viejo es simpático, de barba blanca, y lo que ecribí entonces fueron unas líneas acerca de su vida: nació y creció en el Gallito, zona 3, tenía una mujer aque le curaba los hongos y las mazmorras de los pies, con lienzo de agua caliente por las noches. Lo que se dice, un viejito indefenso y buena nota.
Un por menor que no incluí en la nota, por razones obvias, es que costaba mucho que él hablara, pero cuando lo hacía, era simpático:
YO. -Así que estuvo casado, Don Miguel…
DON MIGUEL: Sí, con la Rosa, pero me dejó por otro pisado.
YO: ¿Y por qué lo dejaría la Rosa por otro pisado?
DON MIGUEL: No sé, yo digo que por muy puta.
YO: Pero, usted, de plano, usted se consiguió otra…
DON MIGUEL:: A huevos, me pisaba a la Marta, pero la cerota también me dejó…
En ese tono siguió nuestra conversación, muy amena, debo añadir.
Pero lo que quiero compartirles no es eso, sino algo que supe después. Tras la publicación, se acercó a mí un amigo y me contó que él conocía a Mike, así le decían los vecinos de El Gallito. Era, desde joven, callado, tímido, no hablaba con nadie y todos le daban unos centavos por que les acarreara agua e hiciera toda clase de mandados.
Pues el viejo se voló 20 años preso. Sí, encarcelado, pero no piensen, oh amados blogamigues, que fue por criminal. Lo que sucedió, fue esto:
Un criminal de El Gallito mató a una persona. Como empezaron a sospechar que había sido él, le habló a Miguel y le dijo:
Vos Mike, te doy cien pesoso si decís que vos lo mataste.
Y Miguel, que como se verá no andaba muy bien de la cabeza, aceptó.
Llegó la policía, él se atribuyó el crimen, lo metieron preso, salió libre después de muchos años, los vecinos lo siguieron queriendo, pero su vida ya nunca fue la misma. Desde entonces, pide dinero en la Sexta Avenida de la zona 1, por la Plaza Vivar.
Amigos mías, si alguna vez lo ven por ahí, déjenle saludos de mi parte y monedas, pues es un señor apacible, con los pies reventados y la piel tostada; un viejecillo que ya nadie quiere contratar para nada, para nada, ni para lo que un día sirvió.
Saludos.
miércoles 3 de junio de 2009
La viejecita Número 1, y las viejecitas Números 2 y 3
En las afueras de un parqueo municipal, junto a la Catedral Metropolitana, hay dos lindas viejecitas que piden dinero. Lo que hacen es lo siguiente: cada vez que un vehículo sale del parqueo, ellas se acercan y tienden la mano. Es raro que no les dejen algunos centavos.
Tienen el aspecto bonachón y esa ternura atinente solo a los humanos cuando ya pasamos cierta edad. Pues resulta que este par de viejas putas, sí, viejas putas y cerotas, no hicieron sino desplazar a otra buena viejecita que pedía dinero. Ya lo ven, amigos mías, la realidad tiene sus giros inesperados.
La cosa sucedió así: una viejecita, a la que diremos la Nümero 1, ocupaba ese lugar, desde hacia años. La vi muchas veces (en los años 1990, cuando yo vivía y apenas sobrevivía en el Centro Histórico). Era encorvada, pequeña, casi diminuta, decididamente imposibilitada de trabajar debido a su edad (¿70, 80?). Bajo la lluvia, cubierta con un nailon, bajo el sol, cubierta con un pañuelo, ella se mantenía a la caza de un par de monedas que, siempre me pareció, le daban de buen agrado.
Con el tiempo, cuando las viejas Números 2 y 3 se dieron cuenta de que la viejecita Número 1 era bien recibida por la comunidad vehicular, se le pegaron, se mantuvieron a su lado y no la dejaban ya estirar la mano, pues siendo más potentes se adelantaban a pedir el dinero.
Ese desplazamiento, competencia desleal, zancadilla, robo de derecho de puesto, expulsión territorial, es algo muy semejante a lo que hacen, desde tiempos remotos, los más fuertes sobre los más débiles: cagarse en ellos cuando ven que les va bien. Eso es lo que hacen los criminales cuando extorsionan: destruyen lo que otros han construido con tanto esmero.
Sirva esta reflexión, oh, amados blogamigues, para desintoxicarme del rencor con que hoy y otras veces las he visto a ese par de viejas putas.
La viejecita buena, la Número 1, estuvo un tiempo pidiendo limosna a pocos pasos alejada de donde la desplazaron las invasoras. Hace más de un año que no la veo. Solo veo a estas dos viejas que, por cierto, no se ven tan pijaceadas que no puedan coger una escoba.
Saludos.
Tienen el aspecto bonachón y esa ternura atinente solo a los humanos cuando ya pasamos cierta edad. Pues resulta que este par de viejas putas, sí, viejas putas y cerotas, no hicieron sino desplazar a otra buena viejecita que pedía dinero. Ya lo ven, amigos mías, la realidad tiene sus giros inesperados.
La cosa sucedió así: una viejecita, a la que diremos la Nümero 1, ocupaba ese lugar, desde hacia años. La vi muchas veces (en los años 1990, cuando yo vivía y apenas sobrevivía en el Centro Histórico). Era encorvada, pequeña, casi diminuta, decididamente imposibilitada de trabajar debido a su edad (¿70, 80?). Bajo la lluvia, cubierta con un nailon, bajo el sol, cubierta con un pañuelo, ella se mantenía a la caza de un par de monedas que, siempre me pareció, le daban de buen agrado.
Con el tiempo, cuando las viejas Números 2 y 3 se dieron cuenta de que la viejecita Número 1 era bien recibida por la comunidad vehicular, se le pegaron, se mantuvieron a su lado y no la dejaban ya estirar la mano, pues siendo más potentes se adelantaban a pedir el dinero.
Ese desplazamiento, competencia desleal, zancadilla, robo de derecho de puesto, expulsión territorial, es algo muy semejante a lo que hacen, desde tiempos remotos, los más fuertes sobre los más débiles: cagarse en ellos cuando ven que les va bien. Eso es lo que hacen los criminales cuando extorsionan: destruyen lo que otros han construido con tanto esmero.
Sirva esta reflexión, oh, amados blogamigues, para desintoxicarme del rencor con que hoy y otras veces las he visto a ese par de viejas putas.
La viejecita buena, la Número 1, estuvo un tiempo pidiendo limosna a pocos pasos alejada de donde la desplazaron las invasoras. Hace más de un año que no la veo. Solo veo a estas dos viejas que, por cierto, no se ven tan pijaceadas que no puedan coger una escoba.
Saludos.
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